Diagnósticos vs etiquetas

Blog de educación psicológica

Diagnósticos vs etiquetas

Serie Psicoeducación

“El reino de las enfermedades es inestable, 

con etiologías y nosologías, 

con cambios y fluctuaciones, 

y los doctores son generalmente 

no más capaces que sus pacientes 

de sacudirse y liberarse 

de los prejuicios y creencias de su era.”

(Kleiman, 1988)

A lo largo de la práctica de la psiquiatría y la psicología, se ha vivido una tendencia a etiquetar y encasillar a las personas que acuden a consulta en base a una serie de criterios consensuados por la comunidad médica dependiendo de la época y el lugar. Y digo etiquetar y encasillar, que no diagnosticar, porque en ocasiones, el diagnóstico se ha centrado  en las limitaciones que tenía o iba a desarrollar la persona en lugar de convertirlo en una guía útil para el camino de la sanación. 

Un ejemplo de ello es la reacción de una parte de los profesionales de la salud mental con relación a los pacientes diagnosticados con TLP (Trastorno Límite de la Personalidad), quienes suelen contar en consulta que la mayoría de profesionales los ven y tratan como “casos perdidos”. Yo misma lo he escuchado a muchos psicólogos a lo largo de los años. Este tipo de gesto por parte del terapeuta, rompe de entrada lo más importante a la hora de reparar el trauma: la relación compasiva y ausente de juicio, que se ha de proporcionar en consulta para crear una base de seguridad sobre la que poder sanar las heridas que subyacen en este tipo de psicopatologías.

Realizar un buen diagnóstico diferencial, nos va ayudar a comprender lo que pueda estar en la base de la experiencia de la persona, cómo piensa y el por qué.

La literatura nos muestra que “algunos diagnósticos necesitan para su existencia cierto background cultural que los alimente y los sustente socialmente, es decir, que las enfermedades serían entidades socialmente construidas por el acontecer de las épocas”. El hecho que lo que era una patología en décadas anteriores, no lo sea hoy o lo sea dependiendo del país donde se realice la evaluación, nos da la muestra de cuán cuidadosos hemos de ser. 

Realizar un buen diagnóstico diferencial, nos va ayudar a comprender lo que pueda estar en la base de la experiencia de la persona, cómo piensa y el por qué.  Pero incluso, resulta de mayor utilidad para la persona que para el clínico, ya que le va ayudar a encontrar alivio, siempre y cuando no se realice a modo de sentencia sino de guía para sanar.

Dar nombre a lo que nos sucede, nos dota de una explicación que suele proporcionar luz a nuestro día a día ante la posibilidad de una salida de la situación dolorosa que estamos viviendo. 

Por tanto, como dicen mis maestros los Dres. Solvey, “la postura que se ha de tener en cuanto a los diagnósticos ha de ser ecléctica e iconoclasta. tomando de cada diagnóstico lo necesario para poder entenderlo y resolverlo. Ha de ser práctica aceptando todo lo que es útil y sirva para ayudar al paciente. Por ello, todos los enfoques terapéuticos requieren implementar un cuidadoso diagnóstico y una cuidadosa psicoeducación”, para poder comprender y dar una explicación que sirva a la persona que acude a consulta a entender lo que le sucede.

Somatización de enfermedades

Los diagnósticos podrían ser “tanto manifestaciones de las creencias derivadas de las experiencias previas, como tener una entidad real, por ejemplo de origen somático por alguna alteración estructural del sistema nervioso o de cualquier otro sistema del cuerpo”. 

Es por ello que, cuando las personas llegan a nuestra consulta, si se describen ciertos síntomas, solemos recomendar una visita al médico de cabecera para que éste prescriba ciertas pruebas, como una analítica básica y otra de hormonas y tiroides, para comprobar que los valores son adecuados. 

Por ejemplo, cuando tenemos bajos los niveles de hierro, nos vamos a sentir con faltos energía, fatigados y algo tristes; con niveles bajos de magnesio podemos experimentar irritabilidad, ansiedad por comer chocolate, parestesias (calambres) en extremidades y síntomas raros que nos pueden generar mas ansiedad además de estado de ánimo disminuido, fallos de memoria; tener algún problema de tiroides podría presentar síntomas similares a los de una depresión, problemas de insomnio, hiperactivación o hipoactivación, nerviosismo y ansiedad. Las intolerancias alimentarias también pueden producir síntomas similares a los descritos anteriormente. 

En EMUNAH tenemos en cuenta que, al menos, en el 80% de las enfermedades físicas, existe un componente emocional, incluso espiritual, en la base.

A veces es un medicamento lo que está generando síntomas similares a una psicopatología. Una mujer de edad avanzada, comenzó a tener comportamientos extraños, falta de memoria y autocuidado. Los hijos pensaban que estaba desarrollando una depresión grave e incluso, una demencia. Al realizar la evaluación, consideré testar la medicación que tomaba con el Test Muscular. Éste indicó que había que revisar esa medicación, concretamente, Rivotril. Así se hizo y el médico que la prescribió, confirmó que eran efectos adversos de dicho fármaco. Lo retiró y en pocos días, esta linda mujer se encontraba mucho mejor y fue recuperando poco a poco su funcionamiento habitual. 

La mente y el cuerpo están indisolublemente unidos. Razón por la que es necesario que en la consulta de psicología tengamos en cuenta todos los sistemas implicados y sepamos derivar y colaborar con otros profesionales de la salud. 

En EMUNAH tenemos en cuenta que, al menos, en el 80% de las enfermedades físicas, existe un componente emocional, incluso espiritual, en la base. Esto hará que, aunque la persona reciba tratamiento médico y mejore, si no repara la herida emocional que se encuentra en el trasfondo de la enfermedad, con una elevada probabilidad, ésta volverá a hacer acto de presencia antes o después. 

Por ello es importante valorar cómo está nuestro sistema en su completitud desde esa mirada holística que caracteriza nuestro enfoque terapéutico. 

En siguientes entradas compartiremos una serie “posts” para hacer el lenguaje del proceso terapéutico más accesible para que podamos dejar de ser pacientes y transformarnos en “agentes activos” en nuestro proceso de cambio. 

Os abrazo fuerte y sostenido.

Tania 

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